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Vuelve y juega el Festival de Teatro Alternativo
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LA edad de la ciruela
Vuelve y juega el Festival de Teatro Alternativo
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Baja telones el IX Festival de Teatro Alternativo

¡EL TEATRO COLOMBIANO VIVE!

80 compañías, 11 países invitados, 125 funciones y 40 mil espectadores dieron cuenta de 23 días de teatro en Bogotá

Salas desbordadas así como boletas y abonos agotados para el público de 13 localidades y jóvenes estudiantes fueron el común denominador del Festival Alternativo de Bogotá 2012, entre el 23 de marzo y el 14 de abril. La afluencia de público fue de tal magnitud que obras como Woyzeck, de los finlandeses Passion&Mord programada para las 7:30 p.m. se tuvo que repetir dos horas después de concluida la primera función.

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Igual sucedió con las obras “Corpos” de España-México; “Eréndira” de Perú; “La Razón Blindada” EEUU-México; “Hojas de Papel Volando” Cuba; “El Loco y la muerte” Cali; “Visiones de Frontera” México; “Una Actriz se Prepara” Colombia, entre otras.

El Festival contó con la presencia de un poco más de 80 compañías de teatro locales, nacionales y de países invitados como: Cuba, Ecuador, España, Estados Unidos, Finlandia, Irlanda, Italia, Japón, México y Perú, así como de reconocidos maestros, investigadores y creadores de la dramaturgia mundial a la altura del peruano Miguel Rubio, Carlos Bernal radicado en España, el brasileño Lico Turle, la cubana Vivian Martínez y Roxana Pineda, el mexicano Rodolfo Reyes, la compañía del japonés Ku Murobushi, el irlandés Joe Broderick y, por supuesto, los maestros colombianos Santiago García y Patricia Ariza, alma y nervio del Festival.

Las 125 funciones de teatro, danza o performance no solo se presentaron en salas propiamente dichas sino también en espacios no convencionales como bibliotecas, plazas, restaurantes, universidades y colegios públicos de Bogotá.

“No es común que un festival de tal envergadura y reconocimiento se acerque a los colegios y escuelas públicas de muchas localidades de la ciudad, deprimidas por la pobreza y la violencia, para alegrar con arte, cultura y dramaturgia a una infancia cuyas circunstancias económicas son adversas y no les permite tener acceso al arte. Por lo tanto, es necesario abrir estos espacios en la periferia, y dirigirlos específicamente a niños, niñas y adolescentes.”, enfatizó Catalina Ariza, profesora del Colegio Diego Montaña Cuellar de Usme.

Pero no sólo fue teatro. También hubo lugar para el debate académico. Destacados creadores y directores de teatro de varios continentes condujeron alrededor de 24 foros sobre políticas culturales, teatro y política en América Latina, dramaturgia, apreciación teatral y teatro y género.

El cierre del Festival, con un aforo colmado en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y el Teatro Jorge Eliecer Gaitán tuvo lugar con la presentación de la aclamada obra “Guadalupe Años Sin Cuenta”, estrenada hace 37 años por el Teatro La Candelaria de Bogotá, – y luego de más de 2.000 presentaciones – “cobra cada día más vigencia” ahora con el montaje del grupo Rapsoda, declara Patricia Ariza, su directora.

Asimismo, “PASARELA, Voces y pasos de mujeres contra la violencia” obra teatral de carácter performático que presenta en una “pasarela” a un grupo de mujeres - pero no como objetos que sirven para montar un modelo de mujer – sino para reivindicar su derecho a expresarse de manera personal y social.

“En el Festival se vio que la inquietud de los grupos por el país es notoria y ha retomado en ella la preocupación por los relatos de la violencia” destaca Patricia Ariza.

Si bien en un principio Patricia Ariza había declarado que ésta sería la última versión del Festival, debido a la falta de apoyo suficiente por parte de las diferentes instancias que administran los recursos para la cultura en Colombia, la experiencia que deja esta novena edición confirma lo que se ha venido diciendo entretelones: El Festival de Teatro Alternativo se ha convertido en alma y nervio del movimiento dramatúrgico de este país y detenerlo sería, en consecuencia, tanto como pretender suprimir parte del oxígeno que se respira en la otrora llamada “Atenas suramericana” (un reconocimiento que, por lo demás, hay que restituirle a Bogotá), una ciudad que cuenta con centenas de grupos de teatro.